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Preparación abdominoplastia

Hay cambios en el cuerpo que no se resuelven con más disciplina ni con más horas de entrenamiento. La piel que pierde elasticidad tras un embarazo, los músculos que se separan de forma irreversible o los colgajos cutáneos que quedan tras una pérdida de peso importante no responden al esfuerzo porque su origen no es un hábito: es una alteración estructural. La abdominoplastia existe precisamente para eso, para corregir lo que el cuerpo ya no puede recuperar por sí solo. Es una cirugía mayor, con todo lo que eso implica, y merece ser entendida con rigor antes de tomar cualquier decisión.

Infografía: antes y después de una abdominoplastia
Infografía: antes y después de una abdominoplastia

Qué es la abdominoplastia

La abdominoplastia, conocida también como lipectomía abdominal, es una intervención de cirugía plástica mayor que actúa sobre tres estructuras al mismo tiempo: la piel sobrante, el tejido graso subcutáneo y los músculos de la pared abdominal. No es una técnica para perder peso, y esa distinción importa desde el primer momento de la consulta.

El objetivo del procedimiento es reconfigurar el abdomen de forma integral. Cuando hay un exceso de piel que ningún ejercicio puede eliminar, cuando los músculos se han separado tras varios embarazos o cuando la grasa se acumula de forma irreversible en la zona baja del vientre, la cirugía ofrece una solución que los cambios de hábito simplemente no alcanzan. Por eso es un procedimiento tan demandado: a nivel mundial se realizan más de un millón de abdominoplastias al año, y en España representa una de las intervenciones corporales más solicitadas en consultas de cirugía plástica.

Desde el punto de vista técnico, se trata de una cirugía mayor que requiere anestesia general, quirófano equipado y un equipo médico especializado.

Aunque la idea general pueda sonar sencilla – «quitar piel y tensar músculo» -, la realidad quirúrgica es bastante más compleja. El cirujano no solo reseca tejido: diseca planos anatómicos con precisión, preserva la vascularización del colgajo cutáneo, reposiciona el ombligo y repara la fascia abdominal. Cada decisión afecta al resultado estético, a la cicatrización y a la recuperación funcional del paciente. Hay varios tipos de abdominoplastia – completa, mini, extendida o combinada con liposucción – y la indicación de una u otra depende de la anatomía concreta de cada persona.

Tipos de abdominoplastia: ¿cuál es la adecuada para ti?
Tipo Cicatriz Duración Recuperación Indicación principal
Mini-abdominoplastia Corta · 10-15 cm 1-2 h 2-3 semanas Flacidez leve solo en abdomen inferior, sin diástasis significativa
Abdominoplastia clásica De cadera a cadera · 25-40 cm 2-4 h 3-4 semanas Flacidez supra e infraumbilical con diástasis de rectos; la técnica estándar más empleada
Lipoabdominoplastia De cadera a cadera · algo más corta 3-5 h 3-4 semanas Flacidez abdominal con exceso de grasa en flancos y cintura que requiere modelado global
Abdominoplastia extendida Hasta los flancos 3-5 h 4-5 semanas Exceso cutáneo que se extiende lateralmente hacia los flancos; frecuente tras pérdida de peso moderada
Fleur-de-Lis En T invertida 3,5-5 h 4-6 semanas Exceso cutáneo vertical y horizontal; habitual en pacientes postbariátricos con redundancia anterior importante
Body lift circunferencial 360° alrededor del tronco 4-7 h 6-8 semanas Exceso cutáneo global – abdomen, flancos, espalda y glúteos – tras pérdida ponderal masiva de 40 kg o más

Los tiempos de duración y recuperación son orientativos y pueden variar según la técnica combinada, el estado del paciente y la experiencia del equipo quirúrgico. Consulta siempre con un cirujano plástico certificado por la SECPRE.

El resultado que se busca es un abdomen más plano y firme, con un contorno armonioso que se integre con el resto del cuerpo. No se trata de una figura irreal, sino de devolver una apariencia que el propio cuerpo ha perdido por causas ajenas a la disciplina o al esfuerzo de quien la padece.

Lo que distingue a esta cirugía de otros procedimientos estéticos es precisamente esa combinación de componente reconstructivo y estético. Corrige algo que tiene un impacto real en la calidad de vida del paciente.

La lipectomía abdominal lleva más de un siglo evolucionando. Desde los primeros casos documentados a finales del siglo XIX hasta las técnicas actuales con liposucción integrada, el procedimiento ha ganado en seguridad, precisión y resultados. Hoy, con la tecnología y el conocimiento disponibles, es una de las cirugías corporales con mayor nivel de satisfacción entre los pacientes que han sido bien seleccionados y bien informados.

Puntos clave del procedimiento

¿Cómo se realiza la abdominoplastia? Paso a paso
1
Anestesia general
Se administra anestesia general con relajación neuromuscular completa. En muchos casos se añade un bloqueo TAP (plano transverso del abdomen) para reducir el dolor postoperatorio y el consumo de opioides.
2
Liposucción (si procede)
Cuando se realiza una lipoabdominoplastia, la liposucción de flancos, cintura y abdomen se efectúa antes de la resección. Esto permite un modelado global del contorno antes de intervenir la pared.
3
Incisión y elevación del colgajo
Se traza la incisión suprapúbica de cadera a cadera y se eleva el colgajo dermograso hasta el reborde costal. El ombligo queda anclado a la pared por su pedículo vascular.
4
Plicatura de rectos
Se suturan los bordes mediales de ambos músculos rectos desde el xifoides hasta el pubis, corrigiendo la diástasis de rectos y restaurando la tensión de la pared abdominal. Se utilizan hilos no absorbibles o de absorción muy lenta.
5
Resección del exceso de piel y grasa
La mesa se flexiona a 30–45° para definir el margen de corte. Se reseca el exceso de piel y tejido graso – entre 800 g y más de 3.000 g según el paciente – con hemostasia minuciosa.
6
Umbilicoplastia
Se crea una apertura en la nueva posición del ombligo y se exterioriza mediante sutura. La forma y posición del neoombligo es uno de los detalles estéticos que más valoran los pacientes en el resultado final.
Cierre y drenajes
Se cierra por planos – fascia, dermis profunda y piel – y se colocan uno o dos drenajes aspirativos. Al finalizar, el paciente sale de quirófano ya con la faja compresiva colocada.

La secuencia puede variar según la técnica empleada y la anatomía del paciente. Cada cirugía se planifica de forma individualizada por el cirujano plástico.

Corrección muscular

La plicatura de rectos es, para muchos cirujanos, el paso más importante de toda la intervención. Consiste en unir los bordes mediales de los músculos rectos del abdomen, que se han separado a lo largo de la línea alba – el tejido fibroso que los une en el centro -, mediante suturas que los aproximan y los fijan en su posición correcta.

Esa separación tiene nombre clínico: diástasis de rectos abdominales. No es un desgarro ni una rotura; es un ensanchamiento progresivo del tejido conectivo que actúa como unión entre ambos músculos, y que puede ocurrir por el aumento de presión abdominal sostenido durante el embarazo, por obesidad o simplemente por predisposición genética del tejido conectivo. El resultado visible es ese vientre que parece abultado incluso cuando la persona no tiene exceso de grasa, porque la pared muscular ha perdido su tensión natural.

La plicatura crea lo que los pacientes describen como un «corsé interno». El cirujano sutura los bordes mediales de ambos rectos desde el xifoides hasta el pubis, restaurando la cintura y el tono de la pared abdominal. No es un gesto estético menor: mejora la postura, reduce la lumbalgia crónica asociada a la debilidad del core y, en algunos casos, alivia también la incontinencia urinaria de esfuerzo.

El material de sutura importa y mucho.

Se utilizan hilos no absorbibles o de absorción muy lenta, porque la plicatura necesita mantener su tensión indefinidamente. Los estudios de seguimiento a largo plazo muestran ausencia de recidiva de la diástasis cuando la técnica es correcta, algo que no ocurre con el ejercicio físico por sí solo, que puede fortalecer el músculo pero no corrige la separación estructural de la fascia.

Remoción de tejido

La parte más visible de la abdominoplastia es la resección de piel y grasa. Tras la corrección muscular, el cirujano descuelga el colgajo cutáneo y define con precisión cuánto tejido puede extirparse sin comprometer la vascularización ni generar una tensión excesiva en la cicatriz. La zona que se reseca es, principalmente, la comprendida entre el ombligo y el pubis: la que concentra la mayor cantidad de piel flácida, estrías y grasa subcutánea resistente.

La cantidad de tejido que se extirpa varía notablemente según el paciente. En cirugías estéticas estándar, el peso resecado oscila entre 800 y 2.000 gramos. En pacientes que han perdido mucho peso, esa cifra puede superar los 3.000 o 4.000 gramos. No es solo piel: es tejido dérmico, subcutáneo y graso organizado en capas que el bisturí separa plano a plano.

El ombligo merece mención aparte. En la lipectomía abdominal completa, no se mueve de su posición original; lo que se mueve es la piel a su alrededor. El ombligo permanece anclado a la pared abdominal por su pedículo vascular, y una vez que el colgajo cutáneo desciende y se sutura en su nueva posición, se crea una apertura en la piel para exteriorizarlo. A ese gesto se le llama umbilicoplastia, y su resultado estético – la forma y posición del nuevo ombligo – es uno de los detalles que más valoran los pacientes al ver el resultado final.

Combinación con liposucción

La lipoabdominoplastia es hoy una de las variantes más empleadas porque combina lo mejor de dos técnicas en un solo acto quirúrgico. La liposucción se realiza antes o durante la abdominoplastia para modelar los flancos, la cintura y las zonas que la resección cutánea por sí sola no puede abordar, mejorando el contorno general del cuerpo de forma mucho más armoniosa.

La técnica que estandarizó esta combinación fue la descrita por el cirujano brasileño Osvaldo Saldanha en 2001. Su aportación fue limitar el despegamiento del colgajo cutáneo al mínimo necesario – aproximadamente el 30% del área que se diseca en una abdominoplastia clásica -, lo que preserva la mayor parte del aporte vascular y nervioso de la pared abdominal. El resultado es una cirugía con menor riesgo de necrosis del colgajo, menos pérdida de sensibilidad y una recuperación más ágil. Las series publicadas muestran una reducción de la tasa de necrosis del 4% en técnicas clásicas al 0,2% con la técnica de Saldanha, lo cual no es un detalle menor cuando hablamos de una complicación que puede comprometer seriamente el resultado estético y funcional.

Combinar liposucción y abdominoplastia no es siempre la opción indicada. Cuando el despegamiento es amplio y la liposucción es muy extensa, el riesgo de seroma – acumulación de líquido entre el colgajo y la fascia – aumenta. Por eso la decisión de combinar ambas técnicas, y en qué medida, depende de la anatomía del paciente y de la experiencia del cirujano.

Cicatrización

La cicatriz de la abdominoplastia es inevitable, pero su localización está diseñada para que quede oculta. La incisión principal es horizontal, por encima del pubis, trazada de cadera a cadera a unos 5-7 centímetros por encima de la comisura vulvar. Es más larga que la de una cesárea, pero sigue la misma lógica: queda tapada por la ropa interior, el bañador o el bikini. A esa cicatriz se suma una segunda, circular, alrededor del ombligo, resultado de la umbilicoplastia.

La evolución de la cicatriz sigue un patrón predecible que conviene conocer antes de la operación para no llevarse sustos. Durante las primeras semanas es roja, algo elevada y puede picar o tensarse. Entre los tres y los seis meses se vuelve más visible, más rosada o incluso algo violácea, porque está en plena fase de maduración. A partir del sexto mes comienza a aplanarse y aclararse, y el resultado definitivo no se aprecia hasta los 12-24 meses. A los cinco años, en la gran mayoría de los pacientes, la cicatriz es una línea fina, clara y discreta.

Para acelerar ese proceso y mejorar el resultado final se utilizan láminas o gel de silicona médica, considerados el tratamiento de referencia para el cuidado de cicatrices postquirúrgicas. Se aplican a partir del cierre completo de la herida, durante al menos dos o tres meses. La fotoprotección estricta sobre la cicatriz durante el primer año es igual de importante: la radiación ultravioleta puede provocar una hiperpigmentación permanente que ningún tratamiento posterior logra revertir del todo. Si la cicatriz no madura bien, existen opciones como el láser vascular, el microneedling o las infiltraciones de corticoides, pero siempre como segunda línea y nunca antes de que el tejido haya tenido tiempo de reorganizarse.

¿Para quién está indicada?

La abdominoplastia está pensada para personas que han llegado a un punto en el que la dieta y el ejercicio ya no dan más de sí. No es una solución para quien quiere perder peso, sino para quien ya ha hecho ese trabajo y se encuentra con que el abdomen no responde porque el problema no es metabólico, sino estructural: piel que ha perdido elasticidad, grasa localizada que no se moviliza y músculos que ya no sostienen la pared abdominal como antes.

El perfil ideal de candidato comparte algunas características independientemente del motivo que le ha llevado a la consulta: peso estable durante al menos tres o seis meses, índice de masa corporal preferiblemente por debajo de 30, ausencia de tabaquismo activo y expectativas realistas sobre lo que la cirugía puede y no puede hacer. Esas condiciones no son caprichosas; están directamente relacionadas con la seguridad del procedimiento y con la calidad del resultado.

¿Eres candidato/a a una abdominoplastia?
Condiciones favorables
Peso estable
Mantienes un peso similar durante al menos 3 a 6 meses, sin planes de perder kilos adicionales antes de la cirugía.
IMC inferior a 30
El índice de masa corporal recomendado está por debajo de 30 kg/m². Por encima de 35 el riesgo de complicaciones aumenta de forma relevante.
Deseo gestacional completado
No planeas más embarazos a corto plazo. Un embarazo posterior no es peligroso, pero puede comprometer el resultado estético de la cirugía.
Buena salud general
No padeces enfermedades cardiovasculares, diabetes mal controlada ni trastornos de la coagulación que aumenten el riesgo quirúrgico.
Expectativas realistas
Buscas mejorar tu contorno y calidad de vida, no alcanzar una figura idealizada. Entiendes que la cirugía deja cicatrices y que la recuperación lleva semanas.
Condiciones que conviene valorar antes
Tabaquismo activo
Fumar aumenta el riesgo de necrosis y dehiscencia de la herida. Se recomienda un cese mínimo de 4 a 6 semanas antes y después de la cirugía.
IMC elevado o pérdida de peso pendiente
Si aún tienes kilos que perder, es preferible alcanzar tu peso objetivo antes de operar. Los resultados son mejores y el riesgo quirúrgico, menor.
Cicatrices abdominales previas
Intervenciones anteriores —laparotomías, cesáreas múltiples, hernias— pueden modificar la vascularización del colgajo y condicionan la planificación quirúrgica.

Esta lista es orientativa. Solo una valoración presencial con un cirujano plástico certificado por la SECPRE puede determinar si eres candidato/a y qué técnica es la más adecuada para tu caso.

Cumplir estas condiciones favorece un resultado óptimo y reduce el riesgo de complicaciones postquirúrgicas.

Post-embarazo

El embarazo transforma la pared abdominal de una forma que ningún ejercicio puede revertir por completo.

La diástasis de rectos postparto es la secuela más frecuente y también la que más motiva a las mujeres a consultar. Estudios de cohorte prospectivos muestran que alrededor del 30% de las mujeres mantiene una separación muscular superior a dos centímetros al año del parto, y ese porcentaje sube cuando ha habido embarazos múltiples, fetos de gran tamaño o varios partos seguidos. A esa separación se suma la flacidez cutánea con estrías permanentes, que aparece cuando la dermis pierde elasticidad de forma irreversible.

La recomendación habitual es esperar al menos entre seis y doce meses tras el parto para operar, no solo para que el cuerpo se recupere, sino para confirmar que la diástasis no se resuelve espontáneamente. Lo más sensato, además, es haber completado el deseo gestacional antes de la intervención. Un embarazo posterior a la cirugía no representa un riesgo médico para la madre ni para el bebé – así lo confirman revisiones sistemáticas con más de 200 pacientes -, pero sí puede comprometer el resultado estético y obligar a una revisión quirúrgica más compleja. Si existe la posibilidad de querer más hijos, merece la pena hablarlo con el cirujano antes de tomar ninguna decisión.

Pérdida masiva de peso

Perder 40, 50 o más kilos es un logro extraordinario, pero deja tras de sí una secuela que pocas personas anticipan: el exceso de piel. Cuando el volumen corporal disminuye muy rápido – ya sea tras una cirugía bariátrica o tras un proceso largo de adelgazamiento -, la piel no tiene capacidad de retracción suficiente y forma colgajos que se acumulan principalmente en el abdomen, los flancos y la región lumbar. Esos pliegues no son solo una cuestión estética; generan dermatitis, infecciones recurrentes en los pliegues cutáneos, dolor lumbar y dificultades de higiene que afectan a la calidad de vida de forma muy concreta.

En estos pacientes, la abdominoplastia tiene un componente funcional tan relevante como el estético, y por eso en muchos casos está parcialmente cubierta o reconocida como procedimiento reparador. El tipo de intervención que se indica varía según la distribución del exceso cutáneo: puede ser una lipectomía abdominal clásica o extendida, una técnica Fleur-de-Lis si hay redundancia vertical además de horizontal, o incluso un body lift circumferencial cuando el exceso de piel afecta también a la espalda y los glúteos. Lo que todos estos pacientes tienen en común es la necesidad de estabilizar el peso – idealmente durante al menos seis meses – antes de operar, y de llegar a la cirugía con un buen estado nutricional, algo que no siempre es fácil tras un bypass gástrico.

Hombres

La abdominoplastia masculina ha crecido de forma sostenida en los últimos años y ya representa una proporción relevante de las consultas en cirugía plástica corporal. Los hombres que acuden suelen tener un perfil claro: han perdido peso, hacen ejercicio, pero arrastran una acumulación de grasa y piel en el abdomen bajo que no responde al entrenamiento. En algunos casos hay también una diástasis de rectos no diagnosticada que explica esa protuberancia abdominal persistente a pesar de tener el resto del cuerpo en buena forma. La técnica es esencialmente la misma que en mujeres, aunque la posición de la cicatriz y la forma del ombligo se adaptan a la anatomía y a la estética masculina.

Detalles de la intervención y recuperación

Recuperación semana a semana tras la abdominoplastia
DÍA 0
Día de la cirugía
Cirugía bajo anestesia general de 2 a 5 horas según la técnica. Al despertar: faja compresiva colocada, uno o dos drenajes activos y analgesia intravenosa. Ingreso hospitalario la primera noche.
DÍAS 1–3
Postoperatorio inmediato
Alta hospitalaria a las 24–72 horas. Se camina desde el primer día, ligeramente flexionado. Dolor controlado con analgesia oral. Faja 24 h/día. Se registra el débito de los drenajes dos o tres veces al día. Es normal sentir tensión abdominal, hinchazón y hematomas.
SEM. 1
Semana 1 · Reposo activo
Retirada del primer drenaje cuando el débito baja de 30 ml en 24 h (habitualmente entre los días 5 y 10). Retirada de puntos no absorbibles entre los días 7 y 14. Ducha posible con apósitos impermeables desde las 48–72 h. No conducir hasta suspender los opioides.
SEM. 2
Semana 2 · Mejora progresiva
La postura se va enderezando. Reincorporación posible a trabajos de oficina sedentarios hacia el día 10–14. Se inicia el cuidado activo de la cicatriz: láminas de silicona y fotoprotección SPF 50+. Faja 24 h/día.
SEM. 3–4
Semanas 3–4 · Vuelta a la rutina
Retirada del segundo drenaje si quedaba. Postura erguida recuperada. Paseos de 30–45 minutos al día. La faja pasa a usarse 12–16 h diarias. Se puede iniciar el drenaje linfático manual. Prohibido levantar más de 5–7 kg.
SEM. 5–6
Semanas 5–6 · Retirada de la faja
Retirada definitiva de la faja en la mayoría de pacientes. Inicio de ejercicio aeróbico suave: caminar rápido, bicicleta estática sin resistencia. El 80% del edema ha desaparecido. Baño en piscina o mar si la herida está completamente cerrada.
MES 3
Mes 3 · Retorno al deporte
Con autorización del cirujano, se puede retomar la actividad física completa: abdominales, carrera, deportes de impacto. La cicatriz está en plena fase de maduración —puede ser algo más rosada o elevada antes de aplanarse—. Resultado estético preliminar visible.
MES 6
Mes 6 · Resultado visible
El edema residual ha desaparecido casi por completo. El contorno abdominal definitivo es ya apreciable en un 80–90%. La cicatriz empieza a aclararse y aplanarse. La sensibilidad cutánea se va recuperando progresivamente, aunque la zona infraumbilical puede mantener cierta hipoestesia.
MES 12
Mes 12 · Resultado definitivo
La cicatriz ha madurado: plana, clara y discreta, oculta bajo la ropa interior. El resultado estético es estable y definitivo siempre que se mantenga el peso. La maduración completa puede extenderse hasta los 18–24 meses en algunos pacientes.

Los tiempos indicados son orientativos y pueden variar según el tipo de abdominoplastia, la técnica empleada y la respuesta individual de cada paciente. Sigue siempre las indicaciones de tu cirujano plástico.

Anestesia y duración

La abdominoplastia se realiza bajo anestesia general en todos los casos estándar, porque la relajación neuromuscular completa es necesaria para poder valorar y corregir la pared abdominal con precisión. Como complemento analgésico, muchos cirujanos añaden un bloqueo TAP – bloqueo del plano transverso del abdomen, guiado por ecografía – que reduce el consumo de opioides durante las primeras horas del postoperatorio y mejora notablemente el confort del paciente al despertar. La duración de la cirugía oscila entre dos y cuatro horas en una abdominoplastia clásica, aunque ese tiempo se alarga cuando se combina con liposucción extensa, corrección de hernias o técnicas más complejas como la Fleur-de-Lis, que puede requerir entre tres y cinco horas de quirófano.

Hospitalización

El ingreso hospitalario habitual tras una lipectomía abdominal estándar es de una a dos noches, aunque en intervenciones más extensas – como la abdominoplastia circunferencial o la cirugía post-bariátrica – puede alargarse hasta las 72 horas. Ese tiempo no es solo de observación: durante las primeras horas se controla el sangrado a través de los drenajes, se gestiona el dolor con analgesia intravenosa y se inicia la deambulación precoz, que es obligatoria para reducir el riesgo de trombosis venosa profunda. No es raro que el paciente se sorprenda de que ya en las primeras 24 horas se le pida que se levante y camine, aunque sea despacio y con apoyo. La movilización temprana no es un capricho del protocolo; es una de las medidas más eficaces para prevenir una complicación potencialmente grave.

Postoperatorio inmediato

Al salir del quirófano, el paciente lleva ya colocada la faja compresiva abdominal, que deberá usar de forma continuada durante las primeras tres o cuatro semanas – las 24 horas del día, salvo para ducharse – y de forma parcial durante otras dos a cuatro semanas más. La faja no es solo un elemento de confort: comprime el espacio entre el colgajo cutáneo y la fascia, reduciendo la acumulación de líquido y favoreciendo la adhesión del tejido. Su ausencia en las primeras semanas aumenta el riesgo de seroma, la complicación menor más frecuente de esta cirugía.

Los drenajes aspirativos se retiran cuando su débito cae por debajo de 30 mililitros en 24 horas, lo que ocurre habitualmente entre los días 7 y 14 del postoperatorio.

Ese primer mes también es el momento de empezar a cuidar activamente la cicatriz: láminas de silicona médica, fotoprotección estricta y evitar cualquier tensión sobre la herida. Son hábitos que marcan una diferencia visible a los 12 meses.

Recuperación

Los primeros 10 a 15 días son los más exigentes. El paciente camina ligeramente flexionado hacia adelante porque la tensión de la sutura no permite erguirse del todo, y esa postura puede resultar incómoda e incluso desconcertante si no se ha explicado bien antes de la cirugía. Es completamente normal y se corrige sola en las primeras dos semanas. A partir del décimo o decimocuarto día, la mayoría de los pacientes con trabajos sedentarios puede reincorporarse a su vida laboral.

Entre las semanas cuatro y seis se retoma el ejercicio aeróbico suave: caminar a ritmo rápido, bicicleta estática sin resistencia. El ejercicio abdominal intenso – abdominales, CrossFit, deportes de impacto – debe esperar hasta el tercer mes, siempre con autorización del cirujano. El resultado estético preliminar se aprecia alrededor de los seis meses, cuando el 80-90% del edema ha desaparecido, aunque la cicatriz y la forma definitiva del abdomen no se estabilizan del todo hasta los 12 a 24 meses.

Bibliografía

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  2. International Society of Aesthetic Plastic Surgery (ISAPS). Global Statistics on Aesthetic/Cosmetic Procedures 2024. Datos sobre prevalencia mundial de la abdominoplastia. https://www.isaps.org/discover/patients-home/procedures/body-procedures/abdominoplasty/
  3. Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE). La realidad de la Cirugía Estética en España. Datos nacionales sobre intervenciones estéticas más demandadas. https://secpre.org/noticias-detalle-buscador/279/
  4. Saldanha OR et al. Lipoabdominoplasty: the Saldanha technique. PubMed, National Library of Medicine. Fuente de referencia sobre la técnica combinada de liposucción y abdominoplastia y sus resultados comparativos. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/20624545/
  5. The Safety and Effects of Pregnancy after Abdominoplasty: A Systematic Review of the Literature. PubMed, National Library of Medicine. Revisión sistemática de 17 estudios y 237 pacientes sobre seguridad del embarazo tras abdominoplastia. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/37266593/
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